El Cinematógrafo en Quiroga

Libro: Fragmentos de la Historia de Quiroga.

Autor: Rubén Aguilar Calderón, Cronista e Historiador de la Ciudad de Quiroga, Michoacán, México.

El libro completo lo puede solicitar directamente en esta tienda virtual, y con gusto lo cantactaremos con el autor, Tiene un costo de recuperación y de envío que en su momento se le informará.

Nuestro compromiso es que esta gran obra esté al alcance de todos los michoacanos, no solamente los que viven en México sino también los que viven en  el extranjero.

Sabemos que hay muchas personas alrededor del mundo que aprecian la cultura purépecha, y que no pueden conseguir la información en la localidad donde viven..

 

 

EL CINEMATOGRAFO.

 

Los hermanos Lumiere tenían a Europa asombrados con su invento: El Cinematógrafo, con el que llegaron a la Capital de la República Mexicana muy bien aceptados, en la cuarta reelección de Don Porfirio Díaz como jefe del poder Ejecutivo de la Nación, ante la Cámara de Diputados.

En los primeros cuatro años del cinematógrafo mudo en México, 1896-1900, no se hacían películas con argumentos, más bien se basaban en hechos históricos de la actualidad, o cuadros fijos.

El primer aparato cinematográfico en México, fue comprado a los hemanos Lumiere por el Ingeniero Salvador Toscano. El segundo empresario de la Cinematografía en México fue el Sr. Enrique Moulinie, y fue el primero en desplazarse con su espectáculo Cinematográfico al interior de la República. Los primeros años del cinematógrafo fueron difíciles porque el fanatismo religioso de algunas personas provocó que fuera rechazado el invento como cosa diabólica; hasta las autoridades, por no desagradar a lo que publicaban los periódicos, se resistían a dar permiso para establecer salas de ese tipo de espectáculos; en muchas ocasiones previamente se daba la función a las autoridades civiles y eclesiásticas hasta que se convencían que era inofensiva la invención para que otorgaran el permiso.

No se sabe con precisión cuando llegó a Quiroga el espectáculo del cine mudo, sin embargo se puede decir que fue aproximadamente en 1905 cuando se exhibió por primera vez en Quiroga una película muda en la plaza de gallos, propiedad entonces de la familia de Don Octaviano Fernández, que tenía acceso por un gran zaguán en la calle Guerrero, comunicándose hasta salir al portal Matamoros; después fue propiedad del Sr. Manuel Barriga Valdés;  pronto se inaugura el Salón "Guerrero" a escasos 5 metros del arco sur del portal Matamoros, hoy quedaría en medio de la carretera frente al semáforo.

Allí fue la primera sala cinematográfica en Quiroga, donde se proyectaban las películas en una improvisada pantalla a la mitad del largo salón, amenizándolas musicalmente con la orquesta de los hermanos Huerta originarios de esta población. El espectáculo se anunciaba por medio de conos metálicos o de cartón: DIEZ CENTAVOS POR DOS TANDAS, los que preferían ver la película de frente, y los espectadores de medio salón para atrás pagaban menos porque los monos se veían al revés.

Buen trabajo les debió dar a los hermanos Lumiere inventar el nombre de Cinematógrafo para quedar simplemente en CINE.

Aquel espectáculo mudo dejaba mucho a la imaginación; además el escuchar la música en vivo en las escenas del borrachito, o las lánguidas escenas de amor, o el caminar de la damisela que todo esto era a muchas revoluciones por minuto.

Lo que debe haber desquitado la entrada era el escuchar en el intermedio a los hermanos Huerta, interpretando «La danza de las Libélulas», «Guarda esta Flor», «Ven a Mi», y las interpretaciones de Lerdo de Tejada, etc.

El salón Guerrero lo mismo la hacía de teatro que de cine;  en el año de 1938 desapareció con el paso de la carretera; las tandas de cine por algún tiempo se exhibieron en la prolongación de la casa de Don Salvador Barriga Valdés, en la hoy calle Aldama.

Entre los años 1939-1940 se estrena el cine «Tere», donde inicia la hoy la calle L. Cárdenas Nte. Fue propiedad del Sr. Gregorio Hurueta; él mismo fabrico las butacas, y con la novedad que allí empezó el cine SONORO en Quiroga;  la sala contaba con luneta y gayola;  la tarifa era de $0.40 cuarenta centavos, no era barato, pero las figuras hablaban; esta sala cinematográfica duró poco. Hay versiones de que se incendió.

En el mes de octubre del año de 1946 se inaugura el «Teatro Cinema Colonial» junto a la plazuela de «Los Naranjos», propiedad del Sr. Diego Fuentes Ayala; los proyectores eran manipulados por su hijo Luís Fuentes Villaseñor, oficio que aprendió del Sr. Gregorio Hurueta en el anterior cine «Tere».

El cine teatro Colonial, como teatro estaba bien acondicionado, con su escenario amplio y sus vestidores e iluminación. un bonito telón de boca permanente, y dos escaleras de acceso al foro, en el que presentaban obras de teatro los aficionados del pueblo y foráneos, declamadores, quirománticos y artistas como Ángel Infante, Los Diamantes, festivales de fin de fin de cursos escolares, informes del H. Ayuntamiento, etc.

En cuanto a cine contaba con dos entradas, a luneta y a gayola, con dos escaleras de acceso; en la taquilla siempre se encontraba a la Srita. María Villaseñor «Maqui» ,muy amable;  y al lado opuesto la dulcería del joven Cirilo Cervantes «Ciri»;  en su interior las butacas en buenas condiciones, y en ambos lados del foro los servicios sanitarios para damas y hombres;  en gayola sólo había mingitorio pero nunca subían damas. Había función de cine los domingos, tarde y noche ,y las mismas películas el lunes por la tarde; otra función única, tarde y noche de los miércoles. Media hora antes de cada función, para anunciar las películas se acostumbraba tocar música que se escuchaba en todo el pueblo por medio de unas bocinas cónicas colocadas sobre el techo, que aún se conservan en su lugar; muchos suspendían sus labores para escuchar las canciones Amor Perdido, Déjame en Paz, Te das Cuenta, Viajera, y en cada intermedio musical se escuchaba la voz de Don Ramiro Cruz: «VEA UN ROMANCE QUE SE CONVIERTE EN TRAGEDIA, POR LA INGRATITUD Y EL ORGULLO DE UNA ENCANTADORA Y BELLISIMA MUJER.- CON 14 BAILES Y CANCIONES QUE SON UN ARRULLO DE VOLUPTUOSAS MELODIAS».

La ultima música que se tocaba era la polka «Las Coronelas»; eso indicaba que la función estaba por comenzar; era emocionante ir al cine sobre todo el día domingo por la tarde, llegar bien cambiadito y englostorado, con amigos o con la novia, ponerte cómodo en tu espacio favorito, pero más emocionante era cuando se apagaban las luces, y en el telón aparecían los anuncios hechos en vidrio común que repetidas ocasiones ponían al revés, y el telón se abría lentamente...

Cada melodía de las películas se disfrutaba a lo máximo por no tener donde más escucharlas;  había pocos radios en el pueblo, oír los tríos y solistas, así como ver los rostros de las mujeres más bellas de la época de oro tanto del cine como de la música, era un embeleso; la orquesta de Rafael de Paz, de Pérez Prado y las Rumberas; los episodios del Charro Negro;  escuchar las grandes Danzoneras del salón México. De las películas se aprendió como ser PACHUCO, y hasta como danzonear y el mambo. El rollo de la película con frecuencia se quemaba dejando la pantalla a oscuras; allí fue donde nació para el manipulador de los aparatos el grito de ¡Cácaro¡. Se esperaba hasta que añadieran la cinta, o le cambiaran carbones, de esto nació entre los políticos de Quiroga un chiste: ¿ En que se parece el Palacio Municipal a los aparatos del cine?. En que seguido le cambian los Carbones.

Para los verdaderos cineros, era bueno cualquier programa, otros lo elegían, y la mayoría que era de los bien educados, primero consultaban el pequeño pizarrón fijo a un costado de la puerta lateral del templo donde aparecía la clasificación de las películas en A o B, en C eran raras; de cualquier manera cuando salían del cine le decían al amigo.  ¡Qué barbaridad hubiera consultado la clasificación¡. En tiempo de cuaresma había poco público, y en Semana Santa se suspendían los programas de Cine.

En algunos niños de los años 40s, era tanta la inocencia, que al terminar la película de balazos, salían corriendo a buscar los casquillos que botaban de la cabina de proyección;  y no faltó un bromista que un día tiró unos casquillos en el lugar supuesto.

Aproximadamente en 1956 se estableció una función de cine los días viernes a la que, claro, podía asistir todo público pero se hizo por el gran aprecio que sentía la Sra. María Villaseñor de Fuentes «MAQUI» hacia los Teocaltiches, que eran clientes incondicionales del cine, y además la mayoría dió el  apoyo económico para Maqui que trinfó como reina de las Fiestas Patrias en 1951. Salió de ellos, de esta gente que siempre apreció aquella época del cine, y el gusto por la música romántica.

Después de 48 años de esparcir diversión y alegría, el «TÉATRO CINEMA COLONIAL» el día 11 de octubre de 1994 desapareció como cine. Ya no se escucharon más Las Coronelas, ni le dijeron "Cácaro" a los manipuladores en cabina Don Luís Fuentes, Gaspar Herrera, y Ramiro Cruz. El día 18 del mismo mes sacaron las butacas y se convirtió el local en una cafetería llamada «La Parroquia»,. y los aparatos de proyección se llevaron a Pátzcuaro.

Allí fue celebrada la boda de Lilí Mesa Espino y su esposo Juan. Después se convirtió en el centro comercial «Super Maqui».

Poco antes que desapareciera el cine Colonial, se inauguró el cine «Don Vasco», en la Av. V. de Quiroga, de Don Gregorio Hurueta, del que ya hablamos que fue propietario del primer cine sonoro «Tere»; repitió su hazaña fabricando él mismo las butacas; fue una sala sin mucho éxito ya que la televisión con las video grabadoras, estaban acabando con el cine; a poco tiempo traspasó el local a una persona no de Quiroga, y a esto agregamos que se empezaron a exhibir películas pornográficas a las 3 de la tarde, en esta sala sin límite de edad de los espectadores, provocando desajustes físicos y morales en adolescentes y jóvenes; una vez desaparecido este último cine en Quiroga, el inmueble se convirtió en comercio de artículos de piel.

 

COMENTARIOS.

 

Muchos habitantes del pueblo mayores, o aún muy niños, conocieron el cine por medio de las propagandas de cigarros que venían a Quiroga, canjeado cajetillas de cigarros Luchadores, Quintos, faros y otras marcas, por platos y tazas de Sajonia, y al mismo tiempo invitando a una función de cine gratis en la calle X; y allí en cualquier pared pasaba la película cuando empezaba a oscurecer, Igual lo hacían las Húngaras, que por lo regular exhibían sus películas a un costado de la pila de los Naranjos, con la diferencia de que aprovechaban a los asistentes para adivinarles su suerte. La canción «NENA». que tocaban dentro de su programa, para muchos quedó como un inolvidable recuerdo.

Los años del cine en Quiroga dejaron sagrados recuerdos que viven dentro en cada corazón que los vivió.

 


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